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El Patrimonio Cultural de un Pueblo
Blog de Historia y relatos de San Pedro (Bs. As.) Proyectos y actividades desarrolladas en la Escuela Agraria

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¿Por qué Lavalle y no Dorrego?



               ¿POR QUÉ LAVALLE Y NO DORREGO?
                       Coronel Manuel Dorrego
                 General Juan Lavalle
 

Cuando realizamos el relevamiento del nombre de las calles de la ciudad trabajamos con este interrogante: ¿Por qué Juan Lavalle tiene una calle con su nombre en San Pedro y el gobernador que fusiló, Manuel Dorrego, no?

En forma paralela al proyecto estudiamos el conflicto entre federales y unitarios durante la década de 1820, temas como “la felíz experiencia de Buenos Aires”; las reformas de Rivadavia; el Congreso de 1824; la guerra con Brasil; y el fusilamiento de Manuel Dorrego antes de la llegada de Juan Manuel de Rosas al gobierno de la provincia de Buenos Aires.

Para este último tema, y relacionándolo con el trabajo sobre las calles, revisamos la bibliografía escolar, vimos y analizamos el capítulo “Cartas a Lavalle” del programa Filosofía aquí y ahora de Canal Encuentro y trabajamos con textos y documentos, aquí algunos de ellos:

 

Texto 1

Manuel Dorrego

Nació en Buenos Aires el 11 de junio de 1787 y fue bautizado con los nombres de Manuel Críspulo Bernabé.
Fueron sus padres don José Antonio Dorrego, portugués, y doña María de la Asunción Salas, portefia. Estudió gramática, filosof la y teología en el Colegio de San Carlos. Se lo recuerda como excelente latinista. Entre sus condiscípulos figuró Tomás Guido. Del San Carlos pasó a la Universidad de San Felipe de Santiago de Chile. Allí y en Buenos Aires fue patriota decidido. Volvió a su país en junio de 1811. Acompañó a Saavedra en su misión al norte, y en enero . de 1812 fue herido en el combate de Nazareno. Meses después, Belgrano lo comisionó a Buenos Aires. Volvió con pertrechos para el ejército del norte.

En la batalla de Tucumán se distinguió como jefe de la infantería de reserva. En Salta volvió a brillar al frente del batallón de cazadores. Teniente coronel, el 25 de mayo de 1813. Be1grano lo separó del ejército y lo encausó por razones de disciplina. Lo reincorporó después de Ayohuma. Fue consejero de Be1grano en cuanto a la guerra de guerrillas en el norte. En febrero de 1814, San Martín lo confinó a Santiago del Estero, por burlarse de Belgrano en la academia militar.(1) (Ver "Uniformar las voces de mando" )

Posteriormente sirvió en el Ejército de la Banda Oriental. Derrotó a Otorgues, pero fue vencido por Rivera. En 1815 se reincorporó al Ejército de los Andes y al año siguiente hizo campaña sobre Santa Fe con Díaz Vélez. Tenía 28 años de edad.

El destierro de Dorrego

A fines de 1816 el director Pueyrredón lo hizo detener y lo desterró por ser opositor a su política prolusítana. Dorrego era jefe del Regimiento 8 de Infantería.

Estuvo desterrado en, Baltimore, donde escribió sus Cartas apologéticas, en que rebate los cargos de Pueyrredón. Pudo volver a Buenos Aires en abril de 1820 y fue rehabilitado.

Este mismo año mantuvo una contienda periodística con el padre Castañeda, que lo atacó (el franciscano ilustre era por entonces partidario de Pueyrredón). En junio y julio luchó contra el motín de Pagola. Una junta electoral le dio poder de gobernador interino. Peleó contra el chileno Carrera, Alvear y Estanislao López, y venció. Pero el gobernador Martín Rodríguez lo confinó a Mendoza en marzo de 1821, sin razón aparente. Dorrego se refugió en la Banda Oriental, de donde volvió en marzo de 1823, en momentos de producirse la revolución del doctor Gregorio Tagle contra Rivadavia. Éste le dio mando de tropas y Dorrego actuó en la represión de los rebeldes.


El federal

En setiembre de 1823 fue elegido representante a la Legislatura y al año siguiente resultó reelecto. Desde su banca alegó por la causa de la Banda Oriental, contra la opresión y política portuguesas. Era ya, según el ministro norteamericano John Murray Forbes, el jefe militar del "partido patriota o popular". En momentos en que Rivadavía se compromete con los capitalistas y financistas británicos, Dorrego aboga por una empresa de minas nacional, junto con
Facundo Quiroga y Braulio Costa.

Hizo periodismo político y de estrategia nacional en las columnas de El Argentino (con Pedro Feliciano S. de Cavia y Baldomero Garcia), y en El Tribuno, su órgano de lucha ideológica. En 1826 ocupó una diputación por Santiago del Estero en el Congreso Constituyente, y se convirtió en el principal tribuno del federalismo, atacando a la oligarquía portuaria. Aquí brilló en sus argumentaciones contra los principios seudo aristocráticos de la Constitución rivadaviana. Él marcó a fuego el contenido antipopular de dicha Constitución, en la sesión del 25 de setiembre de 1826, cuando dijo: "¿Y qué es lo que resulta de aquí? Una aristocracia... la más terrible, porque es la aristocracia del dinero". Y apuntó bien: "¡El que formará las elecciones será el Banco!".

Al asumir el doctor Vicente López y Planes la presidencia provisional, lo nombró ministro de Marina y Relaciones Exteriores. El 12 de agosto de 1827, la junta de Representantes lo eligió gobernador de Buenos Aires, por 31 votos. Tuvo como ministros a notables figuras del partido federal: Manuel Moreno, José María Roxas y Patrón, Vicente López, Tomás Guido.

En materia religiosa, fue de confeso credo católico. Pertenecía a la Tercera Orden de la Merced. Uno de sus grandes amigos fue el padre Pedro León Gallo.


Los ingleses y la revolucion decembrista

El 1 de diciembre de 1828, unas ochenta personas reunidas en la capilla de San Roque, sita en las actuales calles Defensa y Alsina de la ciudad de Buenos Aires, eligieron gobernador de la provincia homónima al general Juan Lavalle, cabeza militar del movimiento que ese mismo día, horas antes, habla derrocado a Manuel Dorrego. Exprofeso decimos cabeza militar y no politica, ya que el guerrero de Río Bamba fue el instrumento ideal de un nuevo episodio de guerra internacional disimulada, librado sobre el viejo frente del Este. Porque, digámoslo de una vez, el derrocamiento y fusilamiento de Dorrego, máxima figura del federalismo en ese momento, no fue otra cosa que el cumplímiento de la segunda parte de la "misión Ponsonby" en el Río de la Plata. La primera, de todos modos, estaba íntimamente ligada al motín decembrista: la creación de un Estado tapón en la margen oriental del Plata.

Todo lo dicho es fruto de la investigación histórica efectuada en las últimas décadas, sobre la figura y la acción del primer mártir federal y primera gran víctima del iluminismo argentino. Figura de una proyección nacional que ofrece pocos parangones en nuestra historia, porque, sin duda alguna, Manuel Dorrego planteó en la década. rioplatense de 1820 la problemática clave de la Argentina, enfrentada en esos años a fuerzas exteriores de penetración ideológica, ya nunca más desalojadas de la vieja patria precapitalista, estoica y anti-iluminista: la vieja patria con autoconciencia de soberanía, en base a un pueblo que aceptó la Revolución recién a partir de su primer caudillo, José Gervasio Artigas.

Desde que el oriental Luis Alberto de Herrera levantó entre nosotros la tapa de la gran olla donde se guardan los rastros de la "misión Ponsonby”, es mucho lo que se ha andado en cuanto al esclarecimiento de la acción diplomática y de las agresiones no bélicas desarrolladas por Gran Bretaña en esta parte de América. Imposible pasar por alto, cuando de esto se trata, el libro del canadiense H. S. Ferns, elaborado sobre testimonios documentales de fuentes inglesas, y un reciente artículo del padre Guillermo Furlong, que ha venido a confirmar, con nombres y apellidos, la responsabilidad de quienes fueron instrumentos ideales en los trágicos episodios nacionales de diciembre de 1828. Los nombres consignados por el caballero Mandeville, que Furlong retorna en su trabajo, son los mismos, con leves variantes, indicados por otros testigos contemporáneos de los sucesos.

Sabíamos, por un informe del cónsul norteamericano Forbes a su gobierno, que el movimiento contra Dorrego había trascendido el estrecho círculo de la logia política rivadaviana y era conocido, por anticipado.

Enrique Pavón Pereyra incorporó un nuevo aporte reafirmativo recientemente al transcribir un fragmento de carta de Julián Espinosa al general Rivera, del 21 de noviembre de 1828, que dice lo siguiente: "La llegada de estas tropas hace recelar a alguno que van a servir para hacer una revolución contra el gobierno, de cuya revolución hace ocho días se habla públicamente; por los datos que yo tengo, no encuentro dificultad en que se verifique, mucho más si se hace militarmente. Me han asegurado que Piensan poner al general Lavalle de gobernador, y que van a desconocer la junta de la Provincia: si esto sucede vendremos a quedar gobernados por la espada”.

Lord Ponsonby jugó fríamente su partida contra Dorrego, cuya caída aguaitaba "con placer" (según su propia confesión), y la ganó en la oportunidad propicia. Por su parte, el jefe del federalismo jugó todas las cartas, buscando alianzas americanas para doblegar al imperio del Brasil y por lo menos postergar la independencia definitiva de la Provincia Oriental: intentó el apoyo de Simón Bolívar, promovió 1a rebelión de los republicanos brasileños y reclamó la presencia del general San Martín para evitar la desmoralización que preveía del ejército en operaciones. No contó, lamentablemente, en su frente interno con toda la colaboración y el sentido nacional que hubiesen sido necesarios para librar contienda contra el grupo rivadaviano (Del Carril, los Varela y varios sacerdotes) y contra la fuerza exterior que instrumentó a este último. Y Lavalle y otras "espadas sin cabeza" pudieron hacer su labor con éxito.

 

Texto 2


Los descamisados y la aristocracia del dinero

Tomás de Iriarte cuenta en sus “Memorias”, que caminando con al aristocrático
Carlos María de Alvear por el centro de la ciudad, se cruzaron con un Manuel Dorrego que lucía sucio y desalineado.

- Caballeros, no se acerquen que puedo contagiarlos – fue el saludo irónico de Dorrego

Iriarte antota en sus Memorias: “Excusado es decir que esto era estudiado para capturarse la multitud, los descamisados”.

Dorrego, se opuso al proyecto constitucional rivadaviano de 1826, considerándolo nulo porque se desconocía en él la voluntad general de las provincias. En el debate sobre el artículo 6º del proyecto constitucional, se negaba el derecho de voto en las elecciones a los menores de veinte años, a los analfabetos, a los deudores fallidos, deudores del tesoro público, dementes, notoriamente vagos, criminales con pena corporal o infamante, pero también los “criados a sueldo, peones jornaleros y soldadas de línea” Se presumía que los domésticos y peones estaban bajo la influencia del patrón.

Dorrego levanta su voz:

“ He aquí la aristocracia, la más terrible, porque es la aristocracia del dinero (…) Échese la vista sobre nuestro país pobre: véase que proporción hay entre domésticos y asalariados y jornaleros y las demás clases, y se advertirá quienes van a tomar parte en las elecciones. Excluyéndose las clases que se expresan en el artículo, es una pequeñísima parte del país, tal vez no exceda de la vigésima arte (...) ¿Es posible esto en un país republicano? ¿Es posible que los asalariados sean buenos para lo que es penoso y odioso en la sociedad pero que o puedan tomar parte en las elecciones?" El argumento de quienes habían apoyado la exclusión era que los asalariados eran dependientes de su patrón. “Yo digo que el que es capitalista no tiene independencia, como tienen asuntos y negocios quedan más dependientes del Gobierno que nadie.. A esos es a quienes deberían ponerse trabas (...) Si se excluye a los jornaleros, domésticos, asalariados y empleados. ¿entonces quiénes quedarían? Un corto número de comerciantes y capitalistas”. Y señalando a la bancada unitaria: “He aquí la aristocracia del dinero y si esto es así podría ponerse en giro la suerte del país y marcarse (...) Sería fácil influir en las elecciones; porque no es fácil influir en la generosidad de la masa, pero si en una corta porción de capitalistas. Y en ese caso, hablemos claro: ¡el que formaría la elección sería el Banco¡” Los unitarios impusieron su Constitución, pero el interior la rechazó en bloque.

 

Texto 3

Reproducimos a continuación la serie de documentos que permiten reconstruir los acontecimientos relacionados con el fusilamiento de Dorrego:

[Nota: se recomienda entregar a los alumnos sólo los textos de los documentos, no los copetes]

Documento 1: Comunicado de Lavalle dando cuenta de la captura de Dorrego, 11-12-1828

 

Señor ministro.

En este momento he recibido una nota del teniente coronel de húsares don Bernardino Escribano, dándome parte de haber prendido al coronel Dorrego en las inmediaciones de Areco, y de conducirlo a este punto...

Saludo al señor ministro, repitiéndole mis asentimientos de aprecio"

Juan Lavalle

Documento 2: Carta del Almirante Brown, gobernador delegado en Buenos Aires, a Lavalle, aconsejándole que permita a Dorrego salir del país, 12-12-1828 (a la noche)

 

Señor gobernador don Juan Lavalle:

Mi apreciado señor:

La carta original de Dorrego que incluyo a usted le informará de sus deseos de salir a un país extranjero, bajo seguridades: mi opinión a este respecto, como particular, está de conformidad, pero asegurando su comportamiento de no mezclarse en los negocios políticos de este país... Esta es mi opinión privada, mas usted dispondrá lo que considere mejor, para asegurar los grandes intereses de la provincia; quedando su muy atento amigo y servidor

W. Brown

Documento 3: Carta de Juan Cruz Varela a Lavalle, sugiriendo veladamente la necesidad de la ejecución de Dorrego, 12-12-1828 (10 de la noche)

 

Señor don Juan Lavalle

Mi general:

Después de la sangre que se ha derramado en Navarro, el proceso del que la ha hecho correr, está formado: ésta es la opinión de todos sus amigos de usted; esto será lo que decida de la revolución; sobre todo, si andamos a medias... En fin, usted piense que 200 o más muertos y 500 heridos deben hacer entender a usted cuál es su deber...

Cartas como éstas se rompen, y en circunstancias como las presentes, se dispensan estas confianzas a los que usted sabe que no lo engañan, como su atento amigo y servidor

Juan C. Varela

Documento 4: Carta de Salvador María del Carril a Lavalle, sugiriendo la necesidad de tomar medidas drásticas contra Dorrego, 12-12-1828

 

Señor general don Juan Lavalle

Querido general:

(...) Ahora bien, general, prescindamos del corazón en este caso (...)

Así, considere usted la suerte de Dorrego. Mire usted que este país se fatiga 18 años hace, en revoluciones, sin que una sola haya producido un escarmiento (...). En tal caso, la ley es que una revolución es un juego de azar en el que gana hasta la vida de los vencidos cuando se cree necesario disponer de ella. Haciendo la aplicación de este principio de una evidencia práctica, la cuestión me parece de fácil resolución. Si usted, general, la aborda así, a sangre fría, la decide; si no, yo habré importunado a usted; habré escrito inútilmente, y lo que es más sensible, habrá usted perdido la ocasión de cortar la primera cabeza a la hidra, y no cortará usted las restantes; ¿ entonces, qué gloria puede recogerse en este campo desolado por estas fieras ?. Nada queda en la República para un hombre de corazón".

Salvador María del Carril

Documento 5. Fragmento de las memorias del general Gregorio Aráoz de Lamadrid, escritas veinte años después de los hechos de que fuera testigo presencial

 

"Fui a ver al general Juan Lavalle a solicitar su permiso para hablar con el señor Dorrego así que llegara. Dicho general (...) me permitió verle así que llegara y lo hice en efecto, al momento mismo de haber parado el birlocho en medio del campamento y puéstosele una guardia. Subido yo al birlocho y habiéndome abrazado, díjome: "¡ Compadre, quiero que usted me sirva de empeño en esta vez para con el general Lavalle, a fin de que me permita un momento de entrevista con él!" (...). "Compadre -le dije-, con el mayor gusto voy a servir a usted en este momento". Corrí a ver al general, hícele presente el empeño justo de Dorrego...; mas viendo yo que se negó abiertamente a ello, le dije: "¿ qué pierde el señor general con oírle un momento...?". "¡No quiero verle, ni oírlo un momento¡"...

Salí desagradado, y volví sin demora con esta funesta noticia a mi sobresaltado compadre.

Al dársela se sobresaltó aún más, pero lleno de entereza mi dijo: "¡Compadre, no sabe Lavalle a lo que se expone con no oírme! Asegúrele usted que estoy pronto a salir del país; a escribir a mis amigos de las provincias que no tomen parte alguna por mi...

Bajéme conmovido y pasé con repugnancia a ver al general. Apenas me vio entrar, díjome: "Ya se le ha pasado la orden para que se disponga a morir, pues dentro de dos horas será fusilado; no me venga con muchas peticiones de su parte". ¡Me quedé frío! "General, le dije, ¿ por qué no le oye un momento, aunque lo fusile después?". "¡No lo quiero!", díjome, y me salí en extremo desagradado y, sin ánimo de volver a verme con mi buen compadre...; pero en el momento se me presenta un soldado a llamarme de parte de Dorrego, pidiéndome que fuera en el momento.

Al momento de subir al birlocho se paró con entereza y me dijo: "Compadre, se me acaba de dar la orden de prepararme a morir dentro de dos horas. A un desertor al frente del enemigo, a un bandido, se le da más termino y no se le condena sin oírle y sin permitirle su defensa. ¿Dónde estamos? ¿Quien ha dado esta facultad a un general sublevado? Proporcióneme usted, compadre, papel y tintero, y hágase de mi lo que se quiera. ¡Pero cuidado con las consecuencias!".

Documento 6: Fragmento de una carta de Juan Estanislao Elías, edecán de Lavalle en 1828, y encargado de comunicar a Dorrego su inminente ejecución, quien años después narra a su hermano la reacción inicial del condenado (12 de junio de 1869)

 

Señor don Angel Elías

Mi estimado hermano:

(...) Cerca de las dos de la tarde hice detener el carro frente a la sala que ocupaba el general Lavalle, y desmontándome del caballo fui a decirle que acababa de llegar con el coronel Dorrego.

El general se paseaba agitado a grandes pasos y al parecer sumido en una profunda meditación, y apenas oyó el anuncio de la llegada de Dorrego, me dijo estas palabras que aún resuenen en mis oídos después de cuarenta años: Vaya usted e intímele que dentro de una hora será fusilado.

El coronel Dorrego había abierto la puerta del carruaje y me esperaba con inquietud. Me aproximé a él conmovido y le intimé la orden funesta de que era portador.

Al oírla, el infeliz se dio un fuerte golpe en la frente, exclamando: ¡Santo Dios!

Amigo mío, me dijo entonces, proporcióneme papel y tintero y hágame llamar con urgencia al clérigo Castañer, mi deudo, al que quiero consultar en mis últimos momentos (...).

Como la hora funesta se aproximaba, el coronel Dorrego me llamó y me dio las cartas, una que todo el mundo conoce, para su esposa, y la otra de que yo solo conozco su contenido, para el gobernador de Santa Fe don Estanislao López.

Ambas cartas se las presenté al general Lavalle, quien sin leerlas me las devolvió, ordenándome que entregase la dirigida a su señora y que a la otra no le diera dirección.

Juan Elías

Documento 7: Carta de Manuel Dorrego a su esposa, 13-12-1828

 

Mi querida Angelita: En este momento me intiman que dentro de una hora debo morir; ignoro por qué; mas la Providencia Divina, en la cual confío en este momento crítico, así lo ha querido. Perdono a todos mis enemigos y suplico a mis amigos que no den paso alguno en desagravio de lo recibido por mí.

Mi vida, educa a esas amables criaturas, sé feliz, ya que no lo has podido ser en compañía de este desgraciado.

M. Dorrego

Documento 8: Misivas a sus hijas escritas en otros trozo de papel, 13-13-1828

 

Mi querida Angelita [se refiere ahora a una de sus hijas, no a su esposa]: te acompaño esta sortija para memoria de tu desgraciado padre.

Mi querida Isabel [otra de sus hijas]: te devuelvo los tiradores que hiciste a tu infortunado padre.

Sed católicos y virtuosos, que esa religión es la que me consuela en este momento".

M. Dorrego

Documento 9: Carta de Manuel Dorrego a su amigo Miguel de Azcuénaga, 13-12-1828.

 

Señor don Miguel S. Azcuénaga:

Mi amigo, y por usted a todos: Dentro de una hora me intiman debo morir, ignoro por qué; la Providencia así lo ha querido. Adiós, mis buenos amigos, acuérdense ustedes de su

M. Dorrego

Documento 10: Carta de Manuel Dorrego a su sobrino, 13-12-1828

 

Señor don Fortunato Miró:

Mi apreciado sobrino: Te suplico arregles mis cuentas con Angela, por si algo le toca para vivir a esa desgraciada, recibe el adiós de tu tío

M. Dorrego

Documento 11. Nuevas indicaciones a su esposa en otro trozo de papel, 13-12-1828

 

Mi vida: mándame a hacer funerales, y que sean sin fausto. Otra prueba de que muero en la religión de mis padres,

tu Manuel

[y añade]

"Todos los documentos de minas en compañía de Lecoc están en la cómoda vieja; que Lecoc sea dueño de todas y dé a mi familia lo que tuviese a bien.

Que Fortunato te entregue lo que a conciencia crea tener mío.

Calculo que Azcuénaga me debe como tres mil pesos.

José María Miró, mil quinientos.

De los cien mil pesos de fondos públicos que me adeuda el Estado, sólo recibirás las dos terceras partes; el resto lo dejarás al Estado.

A Manuel, la mujer de Fernández, les darás trescientos pesos.

A mis hermanos, y demás coherederos, debes darles o recabar de ellos como mil quinientos pesos, que recuerdo tomé de mi padre y no he repartido a ellos".

Documento 12. Carta a Estanislao López, gobernador de Santa Fe, 13-12-1828

 

Señor gobernador de Santa Fe don Estanislao López.

Mi apreciable amigo: En este momento me intiman a morir dentro de una hora. Ignoro la causa de mi muerte; pero de todos modos perdono a mis perseguidores.

Cese usted por mi parte todo preparativo, y que mi muerte no sea causa de derramamiento de sangre. Soy su afectivo amigo.

Manuel Dorrego

Documento 13: Comunicado de Lavalle dando cuenta del fusilamiento, 13-12-1828

 

Señor Ministro:

Participo al gobierno delegado que el coronel don Manuel Dorrego acaba de ser fusilado por mi orden al frente de los regimientos que componen esta división.

La historia, señor ministro, juzgará imparcialmente si el coronel Dorrego ha debido o no morir; y si al sacrificarlo a la tranquilidad de un pueblo enlutado por él, puedo haber estado poseído de otro sentimiento que el del bien público.

Quisiera persuadirse el pueblo de Buenos Aires, que la muerte del coronel Dorrego es el sacrificio mayor que pueda hacer en su obsequio.

Saludo al señor ministro con toda atención

Juan Lavalle

Documento 14: Carta de Díaz Vélez a Lavalle, quien ignorando que el fusilamiento ya se ha producido, comunica que el representante del gobierno de EE.UU. estaba dispuesto a facilitar a salida de Dorrego del país, 13-12-1828

 

Señor don Juan Lavalle

Mi querido general y amigo de toda mi estimación:

(...) En esta misma posición, es en la que llego como amigo suyo y de Dorrego, a interponer mi mediación, para que él vaya a Estados Unidos, y explicaré cómo debe ser en mi opinión... Dorrego debe salir inmediatamente sin toca en el pueblo, extrañado perpetuamente, dando garantías que podrán prestarlas los mismos mediadores, y privado también de la ciudadanía, etc. Esto es digno, más que fusilarlo, aun después de un juicio muy dudoso, si se han de consultar los ápices de la justicia"

Díaz Vélez

P.D.: en caso que Dorrego vaya a Estados Unidos, Forbes dará buque al instante.

Documento 15: Carta de Del Carril a Lavalle, en el que le aconseja fraguar un proceso, para salvar las apariencias de la ejecución sumaria de Dorrego, 15-12-1828

 

Señor general don Juan Lavalle

Mi querido general:

(...) Me tomo la libertad de prevenirle, que es conveniente recoja usted un acta del consejo verbal que debe haber precedido a la fusilación. Un instrumento de esta clase, redactado con destreza, será un documento histórico muy importante para su vida póstuma (...). Que lo firmen todos los jefes y que aparezca usted confirmándolo. Debe fundarse en la rebelión de Dorrego con fuerza armada contra la autoridad legítima elegida por el pueblo; en el empleo de los salvajes para ese atentado; en sus depredaciones posteriores...etc.etc.

Salvador María del Carril

Documento 16: Fragmento de las memorias de Tomás de Iriarte, escritas años después de los acontecimientos de diciembre de 1828

 

He dicho que desde que supe que Dorrego estaba en poder de Lavalle no dudé un momento de que éste lo fusilaría, y como prueba de esta convicción, haré mención de un sueño que tuve en la noche del 13 al 14: bien que no soy hombre que crea en sueños. Dorrego fue fusilado en la tarde del 13 al frente del ejército en una estancia inmediata a Navarro; pues bien, yo soñé esto mismo y mi imaginación ocupada de esta escena mientras estaba despierto, me la representó muy al vivo mientras dormía, de modo que por la mañana comuniqué el sueño a varios individuos de mi familia, y varios amigos de confianza. Por la tarde cuando llegó la noticia del infame asesinato, no me sorprendí lo más mínimo; y al primero que me la comunicó, le contesté lo que había soñado. La cosa era muy natural, cuando el ánimo está preocupado y excitado con gran interés en un objeto, en un desenlace probable de algún suceso, las ideas se repiten durante el sueño...

 

 

 

 

publicado por calainfantil a las 11:59 · Sin comentarios  ·  Recomendar
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